¿Cómo construir organizaciones donde las personas quieran estar, aportar y crecer?
Septiembre en Colombia nos recuerda algo que muchas veces dejamos fuera de las conversaciones empresariales: el amor también forma parte de la experiencia humana.
Amor por lo que hacemos.
Amor por las personas con las que trabajamos.
Amor por los espacios que habitamos.
Amor por aprender, crecer y sentir que nuestro trabajo tiene sentido.
En Colombia, septiembre es el mes del Amor y la Amistad. Y aunque hablar de amor en una conversación empresarial puede parecer poco convencional, existe una pregunta profundamente organizacional detrás:
¿Qué hace que una persona quiera estar, aportar y crecer en una organización?
La respuesta no está en una sola variable.
Está en la manera como se comunica, se lidera, se escucha, se reconoce, se trabaja en equipo y se construye una experiencia laboral que genere confianza y sentido de pertenencia.
El amor por el trabajo no es romanticismo: es vínculo
Amar el trabajo no significa que todos los días sean perfectos ni que una persona deba sentirse feliz permanentemente. Significa encontrar valor, propósito, conexión y satisfacción en lo que se hace.
Una investigación internacional muestra que esta conexión tiene implicaciones reales para las organizaciones. Gallup reportó que en 2025 solo el 20 % de los trabajadores a nivel mundial estaban comprometidos con su trabajo, mientras que el bienestar global se ubicó en 34 %. Además, el engagement de los managers cayó significativamente, evidenciando el papel crítico del liderazgo en la experiencia de las personas.
La pregunta entonces no es solamente: ¿Cómo hacemos que las personas trabajen mejor?
También es: ¿Cómo construimos condiciones para que quieran hacerlo?
Cuando las personas se sienten valoradas, la organización cambia
- El amor en las organizaciones no se demuestra con frases motivacionales.
- Se expresa en comportamientos.
- Está en un líder que escucha antes de responder.
- En una conversación de feedback y feedforward que busca desarrollar y no solamente corregir.
- En un equipo donde pedir ayuda no es una señal de debilidad.
- En una organización que reconoce la contribución de sus personas.
- En una comunicación que informa, pero también conecta.
- En la posibilidad de aprender, crecer y encontrar sentido en lo que se hace.
El World Economic Forum ha señalado que la relación de las personas con el trabajo está evolucionando: además de lo que hacen, importa cada vez más por qué lo hacen, cómo lo hacen y con quién lo hacen. Sus investigaciones también destacan el valor de la comunidad, el sentido de pertenencia y las relaciones en el lugar de trabajo.
Por eso, hablar de amor en el trabajo puede traducirse en una conversación mucho más técnica:
Hablar de vínculos, confianza, pertenencia, propósito y experiencia del empleado.
Cinco formas en que el amor se convierte en cultura organizacional

Estas prácticas no son simplemente “buenas intenciones”. Construyen experiencias que pueden influir en el compromiso, la satisfacción y la permanencia.
Un estudio publicado en Colombia sobre engagement y calidad de vida laboral muestra precisamente que estos fenómenos están relacionados y que comprender la experiencia de las personas resulta relevante para las organizaciones.
¿Soy feliz donde trabajo?
Esta pregunta parece sencilla, pero puede revelar mucho más que un nivel de satisfacción.
Preguntar si una persona es feliz en su trabajo implica explorar dimensiones como:
- ¿Encuentra sentido en lo que hace?
- ¿Se siente valorada?
- ¿Confía en sus líderes?
- ¿Puede expresar sus ideas?
- ¿Siente que pertenece?
- ¿Tiene oportunidades para desarrollarse?
- ¿Disfruta trabajar con su equipo?
- ¿Recomendaría su organización como un buen lugar para trabajar?
Por eso, la felicidad laboral no debería reducirse a actividades recreativas o beneficios.
El World Economic Forum plantea el bienestar laboral como una experiencia que involucra emociones positivas, satisfacción, propósito, significado y engagement.
La felicidad no se decreta. Se diseña desde la experiencia.
El verdadero desafío: pasar del discurso a la medición
Una organización puede decir que sus personas son lo más importante. Pero la verdadera cultura aparece cuando esa afirmación puede observarse y medirse. Por eso, Gestión Humana necesita escuchar sistemáticamente a sus equipos y convertir esa información en decisiones.
- Medir clima organizacional permite comprender cómo viven las personas diferentes dimensiones de la organización.
- Medir engagement permite conocer el nivel de conexión, energía y compromiso con el trabajo.
- Medir eNPS ayuda a identificar qué tan dispuestos están los colaboradores a recomendar la organización como lugar para trabajar.
- Medir felicidad laboral permite explorar cómo se relacionan bienestar, propósito, satisfacción y experiencia.
No se trata de medir por medir. Se trata de escuchar para comprender y comprender para transformar.
Una organización que se quiere también se cuida
En tiempos de inteligencia artificial, transformación tecnológica y cambios acelerados, existe una paradoja:
Cuanto más digital se vuelve el trabajo, más importante se vuelve aquello que ninguna tecnología puede reemplazar completamente: la conexión humana.
Deloitte, en sus Global Human Capital Trends, plantea precisamente la necesidad de repensar la relación entre personas, tecnología, confianza y cultura para generar valor en un entorno donde las fronteras entre humanos y máquinas continúan transformándose. Por eso, el futuro del trabajo no será solamente tecnológico. También será profundamente humano.
La pregunta para este mes de Amor y Amistad
Tal vez este septiembre podamos cambiar una pregunta tradicional de Gestión Humana.
En lugar de preguntar únicamente: ¿Qué tan satisfechos están nuestros colaboradores?
Preguntemos: ¿Qué estamos haciendo para que las personas quieran estar aquí?
Porque cuando una persona encuentra propósito en lo que hace, se siente escuchada, confía en su líder, disfruta trabajar con su equipo y percibe que su organización reconoce su contribución, algo poderoso ocurre:
El vínculo deja de ser transaccional y comienza a convertirse en compromiso.
Y quizás ahí esté una de las formas más genuinas de entender el amor en las organizaciones: no en lograr que las personas amen su trabajo todos los días, sino en construir lugares de trabajo que merezcan ser queridos.
En Affine acompañamos a las organizaciones a comprender y transformar la experiencia de sus personas, integrando medición, desarrollo organizacional, liderazgo, cultura, bienestar y gestión del talento para construir organizaciones donde las personas puedan trabajar, crecer y sentirse parte.
Porque cuando las personas están bien vinculadas con lo que hacen, con quienes trabajan y con el propósito de la organización, el talento deja de ser solamente un recurso y se convierte en parte de la cultura que hace posible los resultados.